Y de repente un ángel
Jaime Bayly
Julián, un escritor que vive de sus obras aunque no es bueno nada más que para dormir. Nunca limpia su casa, y según el, convive en armonía con el desorden, la mugre y con cualquier bicho, sobre todo hormigas y arañas. Cuando Andrea, su novia, le exige que limpie la casa, el decide contratar a una asistenta. LLega entonces Mercedes, una criada fiel que ha trabajado desde niña y va a despertar en Julián una ternura e instinto de protección inusual a un hombre tan acostumbrado a la soledad. Ella le cuenta que siendo una niña fue vendida por su madre a una familia pudiente que la mantuvo mas de 30 años en las labores del hogar. Mercedes no critica a su madre por este hecho, muy al contrario, la justifica diciendo que tenía muchas bocas que alimentar y que seguramente ella comía demasiado. Esto despierta en el escritor la necesidad de ayudar a Mercedes a encontrar a su madre, una pobre vieja que vive en un cerro a cientos de kilómetros de Lima, ciudad donde vive Julián, y que ni siquiera se acuerda de la existencia de su hija.
Esta búsqueda esta llena de episodios cómicos, lo que dejará al descubierto al auténtico Julián, distanciado también de sus padres aunque por motivos diferentes a los que se debe enfrentar.
Julián y Mercedes llegan a entenderse de tal manera, que juntos podrán superar muchos problemas y sabrán enfrentarse a los fantasmas de su pasado y mirar al futuro con esperanza.
Me ha gustado mucho esta novela, la leí en un día y medio. Desde el primer momento me pareció emocionante y llena de ternura. Su lenguaje, típico del Perú, siendo el mismo que el nuestro, tiene muchas palabras distintas, como pasa en casi todas partes de América Latina. Estas palabras a las que hago referencia me las enseñaron unos amigos peruanos, con lo he podido entender el significado que le pretende dar Jaime Bayly.
Los personajes de esta novela, Julian y Mercedes, tienen una relación muy bonita y con muchos matices.